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El cambio debe ser humano…

Hay una tendencia que comienza a hacerse “viral” y poderosa dentro del entorno global, y es el incremento de las iniciativas particulares para contribuir al mejoramiento de las condiciones ambientales del planeta.

Cuando los desafíos parecen agigantarse con el retroceso de las prácticas sostenibles ante la necesidad de producir equipos de protección desechables, para mantener a salvo a las personas, el plástico de un solo uso retomó su lugar con tal fuerza que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió en 2020 aumentar en un 40%, la producción de mascarillas ya que “con el Covid-19 se necesitan 89 millones de este insumo y 76 millones de guantes mensuales”.

Sabido es, que el problema no solo está en la producción masiva y disponibilidad de estos implementos, sino en la gestión que se hace de ellos como residuos; es por esto que los cálculos de la ONU son poco alentadores cuando asegura que el 75% ingresará junto con otros residuos relacionados con la pandemia en los océanos, requiriendo de cerca de 450 millones de años en descomponerse en micropartículas, que como un boomerang ya han encontrado la vía para afectar la salud y la vida de los seres vivos.

Y es que, de no tomarse las medidas adecuadas, la cantidad de plástico vertida en el océano “se triplicará en 2040, pasando de 11 a 29 millones de toneladas al año”, dice la directora ejecutiva de la agencia medioambiental de la ONU Inger Anderson, y se integrará a la cadena alimenticia de la cual hombre forma parte.

“Lo que hay en los océanos acaba dentro de ti” señala el blog de gadgets Ecoinventos, como un dardo que impacte en la conciencia de quienes todavía se hacen de oídos sordos ante el problema, mencionando el caso del pescado de la costa oeste americana que ingiere más de 12.000 toneladas de plásticos al año. Es de suponer entonces, que la cuenta de Instagram @ser.ecologico, no exagera cuando dice sin rodeos que “todos comemos plástico”, y que al menos cinco gramos semanales de este material, que es el equivalente a una tarjeta de crédito, ingresan a nuestro organismo vía alimentos, agua o aire , sin que podamos verlo.

Pero, ¿bastará con limpiar los océanos para hacerle frente a esta amenaza? La respuesta al parecer es NO y estar vinculada con la educación ambiental e iniciativas para aprovechar la capacidad de este material, liviano, versátil, pero altamente costoso en cuanto a su poder contaminante.

Algunas de las ideas han tenido su origen en Organizaciones No Gubernamentales, y en la inventiva e investigación en diferentes lugares del planeta. Por ejemplo, Ocean Voyages Institute organiza expediciones de limpieza marina, como la liderada en 2020 en la gran mancha de basura del Pacífico, de donde se retiraron 103 toneladas de desechos plásticos. Por su parte la ONG @greekayak.ngo de Copenhague Dinamarca, realiza paseos turísticos por los canales y los ríos de Irlanda, Dinamarca, Alemania, Noruega y Suecia en kayak totalmente gratis, solo si los turistas recogen basura durante el trayecto.

En el caso de los científicos del Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT), adscrito a la Universidad de Melbourne, en Australia, consideran el plástico como un valioso insumo, y han obtenido de las mascarillas faciales de un solo uso un material reciclado que puede ser utilizado conjuntamente con otros materiales en la construcción de carreteras. Tres millones de mascarillas serían utilizadas en la pavimentación de un kilómetro de dos carriles con lo cual se liberaría al ambiente de 93 toneladas de residuos.

Mientras se incrementa la producción masiva de desechos y los países parecen no tener capacidad de respuesta, los emprendedores colombianos Daniel y Juan Camilo Velásquez crearon la marca Bohío Playa una propuesta de moda sostenible que en 2020 logró reciclar 40.000 botellas de plástico en prendas de vestir hechas en una proporción de 50% de plástico (5 botellas) y 50% de algodón (de prendas recicladas) para la obtención de una prenda 100% ecológica.

Otra emprendedora ambientalista es Rachel Miller, quien creó la cora ball. @Thecoraball, fabricada con plástico reciclado, que atrapa los pequeños hilos que se desprenden durante el lavado de la ropa, antes de que se canalicen hacia al océano y se conviertan en un foco de contaminación marina.

Sin duda alguna, detrás de cada propuesta ecológica hay una toma de conciencia y la decisión indeclinable de resarcir parte del daño ocasionado al ambiente.  Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad, seamos factores de cambio, no climático sino humano, porque el primero es consecuencia del segundo; cambio en nuestras acciones individuales y cotidianas, sin esperar que otros lo hagan por nosotros.

MSc. Luz Delia Reyes, Educadora Ambiental

Fotos: Cortesía pexels.com 

Fundación Huerto Los Ayamanes

Educación ambiental a través de herramientas pedagógicas creativas

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